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Padres e hijos: dejarse llevar por la confianza mutua

febrero 25, 2021

Padres, tendemos a ser sobreprotectores con nuestros hijos. Especialmente si es hijo único o primogénito. Creemos que los mantenemos a salvo de los peligros de la vida dentro del capullo familiar y los hacemos dependientes.

Muchos de nosotros tomamos el lugar de nuestros hijos y hablamos por ellos. Por lo tanto, “les ayudamos más al no ayudarles”.
Sin embargo, debemos dejar que nuestros hijos corran riesgos de niños para prepararlos mejor para el futuro.

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Dejar ir a los padres

¿Cuánto tiempo tenemos para proteger a nuestros hijos? ¿Cuándo tenemos que dejar de pensar que nuestros hijos no se llevarán bien sin nosotros?

Dejar ir a su hijo es dejarle aprender por su cuenta y dejarle correr riesgos. Esto va en contra de los movimientos protectores naturales que un padre tiene hacia su descendencia, porque estos hábitos están firmemente arraigados en nosotros. Sin embargo, dejar que tengan sus propias experiencias es crucial para su desarrollo.

Dejar ir a los padres significa reconocer que no siempre podemos estar ahí para asegurar que nuestros hijos no sufran. Significa aceptar que nuestros hijos pueden experimentar miedo y dolor, superarlos y afirmarse a sí mismos formando su propio carácter distintivo.

Dejar ir también significa dejar de estar omnipresente en la vida del niño, dictar la conducta que debe adoptar y darle la oportunidad de probarse a sí mismo. Significa confiar en sus habilidades y dejarlos explorar el mundo.

Esta actitud evita que el miedo irracional de actuar en respuesta a una situación se transmita a los niños.
Básicamente, dejar ir a tu hijo es darle el maravilloso regalo de la independencia. Reforzará el vínculo entre padres e hijos, pero también ayudará a desarrollar una mayor confianza mutua.

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¿Cuáles son los requisitos previos para que los padres se vayan?

Dejar ir es algo para lo que se aprende y se prepara. Por lo tanto, es necesario tomar nota de los requisitos previos.
En primer lugar, debemos asegurarnos de que mantenemos las mejores condiciones de seguridad posibles. Al mismo tiempo, debemos aprender a explicarle a nuestro hijo las situaciones peligrosas antes de que actúe. Expliquémosle que hay, sin embargo, tipos de riesgos que ni siquiera es necesario tomar (los que dañan su integridad física).

Una educación exitosa y cuidadosa es, entre otras cosas, un marco apropiado para dejar ir. Y, como la mejor manera de que un niño aprenda es por imitación, mostrémosle las actitudes correctas. No asumamos, sin embargo, que porque los niños ven nuestras acciones, han entendido el mensaje que queríamos transmitirles.

En cualquier caso, siempre hay que discernir la categoría de experiencia que se produce en el momento: las que el niño ya ha tenido y las que están cerca de él; las que quiere lograr pero que todavía están más allá de sus capacidades; y las que podría lograr pero nunca ha hecho.

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En todos los casos, los padres deben actuar siempre como guías. Se debe permitir al niño practicar y desarrollar sus habilidades para salir adelante, para que sea consciente. A veces sólo tienes que dar el ejemplo, hacerlo juntos y luego dejar que lo hagan solos.

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